¿Vivir para trabajar o trabajar para vivir?

Esta pregunta, un clásico que todos nos hemos preguntado alguna vez, tiene mucho de pregunta y poco de respuesta. Vivir para trabajar o trabajar para vivir? Pues ni lo uno ni lo otro.

Antes de cuestionarnos preguntas de gran calado como esta, es necesario definir bien los conceptos. ¿Que entendemos por “vivir”? y ¿qué entendemos por trabajar”? Probablemente si preguntáramos a cada uno de nosotros qué entendemos por estos conceptos veríamos algunas discrepancias. Para algunas personas, por ejemplo, el trabajo será un medio para obtener los recursos económicos necesarios, para otras personas será el modo en que se sienten realizados, para otros un camino para obtener algo mejor a lo que aspiran (ya sean un ascenso, un trabajo mejor en otro sector, etc.). En cualquier caso, lo único cierto es que no podemos decidir si vivimos para trabajar o trabajamos para vivir, si previamente no nos hemos puesto de acuerdo en qué es vivir y qué es trabajar.

Como decía el anuncio del famoso helado Magnum; “La vida es cuestión de prioridades”. A veces, lo que socialmente entendemos por correcto, no lo es tanto. Por ejemplo, socialmente entendemos por “tener una vida plena” al hecho de trabajar 8 horas diarias, tener un buen sueldo, una familia que te quiera, hijos, tener salud y dinero, formar parte de algún club o asociación a la que le dedicar alguna hora por la tarde al salir del trabajo, y colaborar con una ONG los domingos por la mañana.

Bueno, este panorama sería el prototipo de vida ideal para muchos,… ¡¡pero no para todos!! La realidad de muchas personas es diferente. Algunas veces me he encontrado con personas, algunas de ellas en puestos de responsabilidad, que decían querer dedicar más tiempo a su familia. Que el trabajo les absorbía de tal manera que llegaban a casa tarde, se levantaban temprano, y apenas tenían tiempo de saludar a los niños antes de que se fueran al cole. Esta realidad es algo muy frecuente hoy en día. Personas que parecen vivir para trabajar en lugar de trabajar para vivir. La cuestión es ¿no será acaso que su trabajo es en realidad su vida?

¿Que ocurre si una persona decide que quiere que su trabajo sea su vida? ¿Que ocurre si decide que no quiere dedicar tiempo a su familia (si la tiene), ni colaborar con una ONG, ni pertenecer a ningún club de tenis ni ninguna asociación? ¿Qué ocurre si una persona decide que quiere dedicar su vida a su trabajo? ¿Qué ocurre si una persona se siente realmente feliz trabajando horas y horas, en lugar de salir a dar un paseo por el parque con su pareja?

Probablemente muchas personas que “quieren dedicar más tiempo a su familia”, en realidad no quieren tal cosa. En realidad no ven nada agradable en estar una semana tomando el sol en la playa, o de excursión por la montaña con los niños. En realidad, lo que les atrae es la satisfacción que sienten estando en el trabajo, dirigiendo un proyecto, resolviendo algún conflicto, abriendo líneas de producto nuevas o diseñando estrategias de marketing.

El primer paso es que cada uno de nosotros identifique qué es lo que quiere hacer con su vida. Establecer las prioridades que decía el anuncio de magnum, pero no desde el “debería” sinó desde el “yo quiero”. No se trata de “debería sacar a mi perro cada mañana” sinó de “me gusta mucho dar un paseo por el barrio cada mañana con mi perro antes de ir al trabajo”. A esto me refiero, a identificar las cosas que para nosotros son importantes. Desde la importancia que otorgamos a cada cosa seremos capaces de “vivir para trabajar” o “trabajar para vivir” según nosotros hayamos decidido. No en función de lo que nuestro entorno decida.

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