Esta teoría ha tenido buena recepción en los ámbitos pedagógicos y educativos, ya que demuestra desde una visión científica algo que es vox populi: todos tenemos nuestras propias capacidades y nos destacamos en algún área. Nadie es inteligente para todo, y nadie carece de inteligencia.
De acuerdo con el profesor norteamericano Howard Gardner, quien enseña Psicología en la Universidad de Harvard y Neurología en la Universidad de Boston, las personas no tenemos una única inteligencia, sino que es necesario hablar de inteligencias múltiples: siete, para ser exactos. Por ello, Gardner y sus seguidores rechazan la idea de que la inteligencia pueda ser reducida al número de coeficiente intelectual que marcan los anticuados tests.
A continuación, veremos brevemente cuáles son las inteligencias que propone Gardner.
Las siete inteligencias
La inteligencia verbal-lingüística es la que le permite a una persona contar historias, escribir, transmitir oralmente su experiencia y comprender lo que lee. La inteligencia lógico-matemática es, como su nombre lo indica, la capacidad para resolver problemas aritméticos, de estrategia, acertijos lógicos, etc. La inteligencia corporal-cinética se refiere al dominio del propio cuerpo, y está muy desarrollada en los deportistas. La inteligencia espacial es la que permite a las personas orientarse, ubicarse en el espacio y permite pensar en imágenes. La inteligencia musical permitirá destacarse tocando algún instrumento.

La inteligencia interpersonal es la que permite comprender a los demás y trabajar en equipo. Finalmente, la inteligencia intrapersonal permite comprenderse a uno mismo. El uso conjunto de estas dos últimas inteligencias llevó a que Daniel Coleman, un colega de Gardner, popularizara el término “inteligencia emocional”. De acuerdo con esta teoría, todos tenemos algunas inteligencias en las que nos destacamos, y otras que tenemos más escondidas. Pero nadie carece de inteligencia.
Repercusiones de la teoría
La teoría de las siete inteligencias apunta a reformar el campo educativo. Ya no se puede evaluar a todos los niños con un test estandarizado compuesto de preguntas de verdadero-falso. En efecto, se hace necesario evaluar a los chicos mediante la observación de cada uno en la escuela. El docente debe considerar que cada uno utiliza sus propios recursos y habilidades para enfrentar los retos a los que se enfrenta, y de que ninguna inteligencia es superior o más valiosa que las otras.
Gardner sostiene que es un terrible error etiquetar a los niños, ya que lo que el docente tiene que hacer es ayudar a reforzar sus inteligencias más ocultas a la vez que se estimulan aquellas en las que se destaca. Para lograr una educación óptima, la propuesta de Gardner pasa por entusiasmar a los niños con la idea de aprender. Además, todos deberían comenzar su educación formal a la misma edad, para recibir la misma cantidad y calidad de estimulación. Finalmente, la escuela no alcanza: en casa debe continuar el aprendizaje.