Amor y contacto, el mejor estímulo

¿Habéis oído hablar de la estimulación temprana? Es un método que trata de optimizar la inteligencia de los bebés. Al nacer, el cerebro de tu bebé aún está inmaduro, pero tiene una enorme capacidad de aprender. De los 0 a los 3 años, tu hijo hará proezas increíbles, como ponerse de pie, caminar, dejar de hacerse pis encima, distinguir los colores, diferenciar el bien del mal, comunicarse en uno o varios idiomas… Para conseguir todo esto hace falta un cerebro prodigioso: el cerebro con el que nacen todos los bebés sanos. Lo expresó muy bien el escritor norteamericano Robert Fulghum: “Todo lo que de verdad necesitaba saber lo aprendí en la guardería”.

Pros y contras de la estimulación precoz

Los partidarios de la estimulación temprana proponen aprovechar estos tres primeros años de vida para reforzar la capacidad de aprendizaje del niño. El método más popular se llama bits de información (sí, como los bits de memoria de los ordenadores, ¡no es broma!). Consiste en enseñar a los bebés una serie de cartulinas durante períodos de un segundo. En cada cartulina aparece escrita una palabra o un número, junto a una imagen del concepto que representan. Por ejemplo: el bit de información “mariposa” es la fotografía de una mariposa con el texto “mariposa” escrito debajo. El juego consiste en leer la palabra en voz alta, mostrar al bebé la cartulina para llamar su atención y pasar al bit de información siguiente. Su objetivo es sentar unas bases que, más adelante, facilitarán aprendizaje de la lectura y del razonamiento matemático.

Este método está explicado con detalle en libros como How to give your baby enciclopedic knowledge, de Glenn y Janet Doman (en español, Cómo multiplicar la inteligencia de su bebé). Pero su eficacia es dudosa. Aunque algunos métodos de estimulación precoz (especialmente estimulación sensorial y motora) han dado buenos resultados en niños con transtornos importantes del desarrollo, no existen estudios científicos que confirmen su utilidad para niños sanos. Es más, algunos psicólogos alertan de que la estimulación forzada puede ser contraproducente. La mayoría de estos manuales aconsejan plantear el ejercicio como un juego y no obligar al niño a mantener la atención, pero incluso así se corre el riesgo de presionar al bebé o de que, más adelante, el niño interprete que se le aprecia por sus logros, no simplemente por ser él mismo.

El cariño alimenta la inteligencia

¿De verdad necesita nuestro bebé un “saber enciclopédico”? ¿Queremos que aprenda lo que es una mariposa en una fotografía o preferimos que lo descubra, maravillado, un día cualquiera en el parque? Se trata de una elección muy personal, cada padre y cada madre ha de decidir lo más conveniente.

Lo que sí han demostrado diversos estudios es que el cariño favorece el desarrollo intelectual. Sobre eso no hay ninguna duda. Por bien atendidos que estén, los niños de los orfanatos tienden a sufrir retrasos importantes en su aprendizaje. ¿Les falta estimulación? Sí, desde luego, pero ante todo les falta una madre.

Cuando una madre juega con su hijo, cuando le habla, cuando le acaricia, cuando le consuela, cuando lo lleva de paseo o le deja manosear las llaves de casa, le está enseñando infinidad de cosas sin darse cuenta siquiera. Lo más importante que necesitamos saber lo aprendemos en los brazos de papá, en la teta de mamá. Por eso a nosotras nos gusta que las cunas no tengan barrotes, que faciliten la lactancia y el contacto nocturno.

Tanto si decidimos probar algún método de estimulación temprana como si preferimos improvisar, las cosas más importantes que necesitamos saber para estimular a nuestros hijos ya las aprendimos de pequeñitos. Y adivinad quién nos las enseñó: mamá, ¿quién si no?

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