Demencia: ¿la epidemia del siglo XXI?

Perder la autonomía, la capacidad de cuidarse a sí mismo y de realizar las más elementales necesidades de un ser humano: alimento, higiene, vestido, uso del sanitario y trasladarse, son el panorama para los pacientes con algún tipo de demencia. Proceso degenerativo que se caracteriza por una atrofia progresiva e incurable en la corteza cerebral, que ocasiona la pérdida de las funciones cerebrales superiores: el habla, el juicio, el cálculo, el diseño, la capacidad de aprendizaje, de realizar actividades aprendidas y todos los procesos de pensamiento y memoria.

Este deterioro intelectual implica un descenso del funcionamiento cerebral que se refleja principalmente en los procesos de pensamiento inmediato y para recordar, convirtiendo así a la demencia en una de sus principales manifestaciones. De ahí que el vocablo procedente del latín signifique «sin mente», y que quienes lo padezcan sean, primordialmente, personas de la tercera edad.

Bajo ese contexto, las enfermedades degenerativas del sistema nervioso se presentan con mayor frecuencia en la población anciana, porque, de acuerdo con la publicación «Demencias. Enfoque familiar y médico» del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, alrededor del 6 por ciento de los individuos, al llegar a los 65 años, tienen cierto grado de deficiencia cognitiva, y este porcentaje aumenta con cada año más de vida.

Frente a esto, los pacientes con este mal presentan problemas en el desempeño de sus actividades cotidianas, ya que la experiencia de la demencia se asemeja a ser trasportado a otro planeta, donde no se puede comprender el lenguaje y la conducta de los demás habitantes. Ésta puede ser leve, donde se presenta una alteración en las actividades, pero se conserva el juicio; moderada, en la que existen riesgos para la integridad si no se tiene vigilancia; y grave, en la que se requiere de un cuidador permanente.

Por la gran cantidad de demencias que existen, la Organización Mundial de la Salud, en su CIE-10-10ª revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades, identifica más de 20 tipos. Las más comunes por su epidemiología y actualidad son:  

Alzheimer (pérdida progresiva de la memoria y otras capacidades mentales), Demencia por cuerpos de Lewy (cambios de estado de ánimo, acompañados de alucinaciones), Demencia Vascular (accidente cerebrovascular que ocasiona que una parte del cerebro deje de recibir sangre), Demencia subcortical –debajo de la corteza cerebral– (enfermedad de Parkinson, encefalopatía tóxica o metabólica).

El neuropsiquiatra y profesor de la Facultad de Psicología de la UNAM Héctor Lara Tapia menciona que la más frecuente es la vascular, pero la más conocida es la de Alzheimer, y a cualquier demencia le llaman así, principalmente, por la pérdida de la memoria; lo cual es un error porque cualquier viejo tiene pérdidas de memoria, que la mayoría de las veces se relaciona con un fenómeno llamado «desaferentación por desuso», término que ha sido descrito por el doctor Alfonso Escobar Izquierdo, investigador Emérito de la UNAM, quien ha trabajado la neuropatología del cerebro de los viejos.

Dicho término explica cómo las conexiones que se crearon durante el desarrollo de una persona con la vejez se van perdiendo, porque se dejan de usar los mecanismos de recepción de información y de reflejos que son activados por los estímulos mecánicos. Por eso, los especialistas plantean, que mientras más activo sea un viejo, tendrá un deterioro cerebral menor o un proceso degenerativo normal.

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