A lo largo de su propia historia, el ser humano intenta desvelar los misterios de la Naturaleza, sea sus manifestaciones climáticas (tormentas, huracanes, torbellinos, etc.) o las relaciones que tienen con todos los seres vivos, ya sea desde un punto de vista religioso (magia y espiritualidad) como desde las afectaciones a la salud (enfermedades de moderadas a graves), para explicar la influencia de la Naturaleza en su propia evolución y sobrevivencia. Lo curioso es que, no importa el tiempo ni el lugar, la formulación y aceptación de una creencia (idea, hipótesis, sugerencia) ha permitido que descubra, empírica o científicamente, su procedencia, rasgos característicos, efectos o consecuencias (buenas o malas), entre otros aspectos, el porqué de las enfermedades y cómo combatirla. Siendo importante para ello el valor que le otorga a la sangre.
La sangre ha sido desde tiempos prehistóricos un enigma: la mujer temida y apartada durante su ciclo menstrual, la mujer en pleno parto y sangrante, el bebé que llega “bañado” en sangre, el hombre con una herida que sangra, causada por un arma o un animal, en fin, la sola idea de que la sangre significaba TODO: vida y muerte. Los rituales donde la sangre era muy preciada para ofrecer a los dioses, sean paganos o no, todo con el fin de mantener la vida y tener “contentos” y satisfechos a estos dioses.
De ahí que, los siguientes conceptos y prácticas médicas tuvieron a la sangre como el eje de toda acción médica (decisión, tratamientos y curas), ya sea realizando una trepanación (para dejar fluir la sangre del cráneo y curar malestares), una sangría (uso de sanguijuelas), las transfusiones con sangre de animales (1667, Jean Baptiste Denys), etc., todo ello con el afán de encontrar un porqué que rodeaban a los misterios de la Naturaleza.
Cabe señalar que a lo largo del siglo XVII, en Francia e Inglaterra se realizaban transfusiones de sangre con cierto éxito, pero desconociendo las causas de las muertes de aquellos que recibieron una transfusión, debido a que la sangre recibida era “extraña” para ciertos pacientes.
Iniciando el siglo XIX (1818), se realiza una transfusión de sangre a una mujer que tuvo hemorragia durante el parto, con cierto éxito, pero tuvieron que pasar varios años más de investigación, con descubrimientos acerca de la inmunología para comprender las causas de esta en las enfermedades infecciosas, y de paso, se descubren los grupos sanguíneos.

Los antígenos son sustancia capaces de generar anticuerpo como medida de defensa y provoca una respuesta inmune; se trata de sustancias proteicas, en algunos casos, también son polisacáridos. La reacción antígeno-anticuerpo surge cuando los anticuerpos capturan antígenos con el fin de eliminarlos del organismo, sea por fagocitosis o por aglutanación, la cual es una reacción que sucede cuando los anticuerpo (aglutininas) que están en el plasma sanguíneo se une con los aglutinógenos (antígenos) que se ubican en la membrana plasmática de los glóbulos rojos y glóbulos blancos. La reacción forma grumos y apilamientos de células sanguíneas, como consecuencia de la destrucción de las membranas celulares. Descubriéndose que los glóbulos rojos de ciertas personas tenían en su superficie una sustancia que era capaz de producir reacciones contrarias al encontrarse con otros, lo que fue llamado factor Rh, por Landsteiner.
De esta forma de logró identificar el grupo sanguíneo y el factor Rh, teniendo un total de 8 tipos de sangre.
Por tanto, los grupos sanguíneos no sólo se clasifican en A, B, AB, O, sino por su factor Rh, positivo o negativo, que contiene la información genética de los padres, en donde el gen Rh positivo es dominante; se trata de una proteína integral de la membrana de los glóbulos rojos que pueden variar según ciertos aminoácidos que establecen las diferencias significativas en dicha membrana, al disponer de anticuerpos (aglutininas) en el plasma. El Rh positivo es donde la proteína se presenta en los eritrocitos del glóbulo rojo; el Rh negativo es la ausencia de esta proteína.
Cuando una persona tiene factor Rh negativo desarrollan anticuerpos con los cuales atacan al factor Rh positivo al entrar en contacto con este, por lo que el sistema inmunológico reconoce las células extrañas y las ataca, lo cual ocurre en el momento de una transfusión sanguíneo. O durante la gestación, si la madre es Rh negativa y el feto Rh positivo.
En otras palabras, si la sangre es A, B, AB, O, la existencia de antígenos en la superficie de la membrana del glóbulo rojo, sirve como identificación para el sistema inmunitario de una persona, que si no reconoce al antígeno, ataca los glóbulos rojos “extraños”. Únicamente la sangre tipo O, que no tiene antígenos, pero si aglutininas anti A y anti B, puede ser tomada por el sistema inmunológico como no “extraña”. Es decir, una persona de grupo sanguíneo A, con antígeno A y aglutinina anti B, es compatible con otra del mismo grupo y del grupo O; otra persona del grupo B, con antígeno B y aglutinina anti A, es compatible con su propio grupo; una más del grupo AB con antígenos A y B, sin aglutininas, será compatible con cualquiera pues reconoce ambos antígenos, mientras que una persona del grupo O sólo es compatible con los del grupo O por la carencia de antígenos, pero todos los grupos serán compatibles siempre y cuando tengan el mismo factor Rh, negativo o positivo.
Durante los años 1914 y 1918 (en la Primera Guerra Mundial), los médicos e investigadores dieron un paso más, al utilizar anticoagulantes (como el citrato de sodio) para prolongar la vida útil de la sangre, así como el uso de la refrigeración.
Fue a partir de las décadas de 1920 a 1930 cuando se da el paso hacia la donación voluntaria de sangre para almacenamiento y uso en medicina. Esto fue aplicado en el periodo de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), al usarse la transfusión sanguínea a gran escala.
Por último, la distribución a nivel mundial de los grupos sanguíneos señala que el grupo O es el más numeroso, y el grupo AB el de menos porcentaje. Lo que indica la compatibilidad o incompatibilidad en cuanto a la presencia de aglutinógenos, que reaccionarán positiva o negativamente, si se trata de incompatibilidad, significa que se destruyen los eritrocitos transfundidos por el donador, provocando una serie de reacciones que van desde lo imperceptible, leve hasta lo grave, como las alteraciones renales, cuadros se shock y muerte.