La mala alimentación, el estrés, las prisas, una educación deficiente acerca de cómo realizar una correcta higiene bucal, las alteraciones hormonales y, en muchos casos, la genética son responsables de que mucha gente sufra problemas de salud bucal e incluso este en riesgo de perder una o varias piezas dentales.
La primera buena noticia es que aunque se haya dado el caso y hayamos perdido un diente, actualmente existe una solución económica y alcance de todos para ese problema.
Afortunadamente, hoy contamos con amplios conocimientos en odontología y los métodos más innovadores para solucionar los problemas más habituales en dientes y encías. Una de esas técnicas es la implantología dental, un tratamiento que permite recuperar lo perdido para devolver a la boca la estética y funcionalidad deseadas.

¿Qué es un implante dental?
Un implante dental es una pequeña pieza, hecha de titanio o cerámica, dos materiales que el cuerpo tolera con naturalidad. Sirve de anclaje para sujetar una pieza dental artificial al maxilar y sustituye la función que, originariamente, tendrían las raíces dentales y el diente natural del paciente. El resultado es una dentadura que se mantiene firme; una sonrisa limpia y perfecta, sin ausencia de piezas dentales; y una masticación correcta.
Beneficios del implante dental
El primer beneficio de someterse a un tratamiento de implante dental es que el paciente mejorará su alimentación y, con ello, su salud, ya que la falta de piezas dentales dificulta tomar alimentos necesarios para el organismo u obliga a que estos sean tragados sin la suficiente masticación previa, lo que acarrea también trastornos digestivos. Además, tener todas las piezas dentales aumenta la autoestima y favorece las relaciones sociales. Y es que la sonrisa es una perfecta carta de presentación.