Patologia digestivo

Patología dental

Ésta se puede deber a la presencia de caries dentales o a la ausencia de piezas dentales que dificultan la masticación y envoltura del alimento con la saliva para triturarlo y convertirlo en bolo alimenticio.

Las caries se producen tras la fermentación de restos alimenticios dentro de la cavidad oral, generalmente alojados entre las piezas dentales, resultando de difícil acceso durante la higiene con el cepillado dental y enjuague bucal. Dicha fermentación da lugar a la producción de materiales de pH muy ácido que dañan el esmalte y perforan hasta la dentina, lo que puede ocasionar la pérdida de la misma y la sensibilización de las terminaciones nerviosas. Por lo tanto, resulta esencial la correcta higiene dental diaria del dependiente después de cada comida.

La ausencia de piezas dentales debe corregirse con la implantación de prótesis si es preciso, pues la incorrecta masticación de los alimentos, para su inicio de la digestión ya en la boca, dificultará el trabajo posterior de los distintos tramos digestivos.

Esófago

Reflujo gastroesofágico. Cuando el esfínter cardias no cierra adecuadamente el estómago, lo que favorece el ascenso del contenido gástrico hacia el esófago, que produce una sensación de quemazón, dolor, malestar, etc.)

Hernia de hiato. Cuando una parte del estómago puede ascender por el orificio diafragmático ocupando el espacio que sólo le debería corresponder al esófago).

En el caso de estas dos patologías, los cuidados esenciales consisten en evitar en la dieta de los ingresados aquellos alimentos que resulten más difíciles de digerir, así como asegurar una posición de sedestación o al menos una angulación superior a 60° de inclinación (posición de Fowler) sesenta minutos después de la ingesta de alimentos.

Estomago

Gastritis, ulcera de estómago. Ambas se producen por la emisión de jugos gástricos no controlados y con capacidad de ataque sobre la mucosa del estómago, y se asocian con síntomas de dolor, quemazón, malestar, etc.

Ante estas alteraciones, es recomendable el consumo de alimentos que no estimulen la producción de mayor secreción de ácidos gástricos y que resulten de fácil digestión como, por ejemplo, pasta, arroz, fruta y verdura sin piel, carnes magras y pescado, etc. Además, hay que evitar la ingesta de excitantes como alcohol, café, té, pimienta, mostaza, vinagre, etc., así como alimentos y bebidas muy fríos o muy calientes.

Intestino

Existen dos procesos de alteración del tránsito. Diarrea, debida a una aceleración del tránsito). Estreñimiento (motivado por un enlentecimiento del tránsito).

Algunos cuidados para tratar la diarrea serían: adoptar una dieta blanda astringente y llevar a cabo una adecuada reposición de líquidos y electrolitos.

Para tratar el estreñimiento interesará proporcionar al usuario cuidados que aceleren el tránsito intestinal, con el fin de asegurar la movilidad de las asas intestinales y la adecuada reposición del volumen de líquidos que hidraten convenientemente el bolo fecal obstruido y reseco. Para ello, es importante incluir en su dieta alimentos ricos en fibra, además de la ingesta de líquidos calientes. También sería beneficioso realizar ejercicios que motivaran la movilidad de los miembros inferiores. El empleo de laxantes debe reservarse como la última medida para paliar esta situación, pues su uso no controlado altera la capacidad intestinal para movilizarse adecuadamente. Además, su empleo indiscriminado fomenta la aparición de estreñimiento.

Hígado

Cirrosis hepática. Formación de nódulos anormales y presencia de fibrosis, que producen un funcionamiento anormal del hígado. Desde el punto de vista epidemiológico, se relaciona directamente con el consumo excesivo de alcohol, y su frecuencia de aparición es mayor en varones de entre 40 y 60 años.

Cáncer hepático. Cuando el cáncer hepático surge a partir de un tumor primitivo suele hacerlo a partir del hepatocarcinoma, aunque en otras ocasiones se debe a los trastornos provocados por la cirrosis. No obstante, lo más frecuente es que aparezca como resultado de la colonización de metástasis. Cabe destacar que, epidemiológicamente, es más frecuente en varones a partir de los cuarenta años.

Vías biliares

Colecistitis aguda. Infección aguda de la vesícula biliar. En la mayoría de los casos, ésta se produce por la presencia de una obstrucción en las vías que conduce a la concentración excesiva del contenido biliar. En la mayoría de ocasiones, esta afección se resuelve con reposo del aparato digestivo, suprimiendo las grasas de la dieta y administrando tratamiento antibiótico. En algunos casos particulares es posible que haya que recurrir a la cirugía, esto es, a la extirpación de la vesícula.

Colelitiasis. Presencia de cálculos en la vesícula biliar, que pueden actuar como obstáculo y generar cuadros de dolor, fiebre, náuseas, etc. El tratamiento puede ser conservador, a través del control de la dieta, o de tipo quirúrgico, mediante la fabricación de un drenaje permanente.

Páncreas

Pancreatitis. Inflamación aguda o crónica del páncreas, y cursa con dolor abdominal, inflamación, sensación de plenitud abdominal, distensión, etc. Las causas más frecuentes que provocan esta patología son la presencia de litiasis biliar y el alcoholismo. En función del carácter agudo o crónico de la patología, el tratamiento variará entre la aplicación de medidas de control de dieta, reposo, etc., y un tratamiento quirúrgico.

Diabetes mellitus

Ésta se produce ante la disminución o ausencia en la fabricación de la hormona insulina por parte de los islotes de Langerhans (que contienen células beta) del páncreas. Este déficit o ausencia de insulina supondrá la dificultad de gestionar adecuadamente los azúcares presentes en el torrente sanguíneo, de modo que ante la alimentación y digestión de los azúcares y su incremento en sangre, si no se dispone de la adecuada cantidad de insulina, dichos azúcares no podrán ser transportados para que las células puedan utilizarlos. De este modo podrían producirse aumentos excesivos de azúcares en sangre y necesidades extremas de éstos en las células, que junto con el oxígeno, resultan esenciales para la vida y el correcto funcionamiento de las mismas.

Para el tratamiento de la diabetes es preciso un adecuado diagnóstico de la misma y su tipificación en no producción de ninguna cifra de insulina (diabetes tipo I o insulinodepen- diente) y en la producción, aunque insuficiente, de la misma (diabetes tipo n o no insulinodependiente). Una vez definida correctamente la variedad de diabetes, el tratamiento consistirá en la administración de insulina externa junto con la educación y la aplicación de medidas convencionales o conservadoras como, por ejemplo, evitar la administración de azúcares de absorción rápida o azúcares refinados, la realización de actividad física moderada y el control en la administración de calorías por medio de las dietas. En el caso de la diabetes tipo II se podrán controlar las necesidades de la insulina con la administración de antidiabéticos orales y con la aplicación de todas las medidas convencionales o conservadoras.

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