El vaginismo, o literalmente cuando no entra

A veces el cuerpo nos dice cosas de formas extrañas e immensamente simbólicas. En algunas mujeres la vagina, literalmente, se cierra. No deja entrar nada: la penetración es imposible. Hay varios grados, pero a veces no deja entrar ni el pene, ni un dedo, ni un tampón, ni nada de nada. Esta contracción de la vagina es involuntaria y aparentemente no tiene nada que ver con que la mujer que la experimenta tenga ganas de tener una relación sexual o no. El vaginismo no excluye el deseo ni el placer sexual. Simplemente, la vagina va por libre y decide cerrarse.

Pero ¿por qué se cierra? En las mujeres que sufren vaginismo hay aspectos comunes: una educación muy religiosa o muy rígida, donde el sexo era algo sucio o malo; un miedo intenso al embarazo o a perder la virginidad, experiencias sexuales traumáticas, como una violación o abusos sexuales en la infancia; miedos relacionados con la penetración y la sexualidad en general… Es cuando estos aspectos, que son muy importantes y pesan sobre la mujer, no se han asimilado y superado, que el cuerpo puede decidir cerrarse e impedir la penetración. Es bastante frecuente: sucede aproximadamente, en más o menos grado, en un diez por ciento de la población femenina.

Y si me pasa, ¿qué puedo hacer? En primer lugar, no hacer ningún caso de los comentarios tipo “relájate y ya verás como entra”. Son comentarios bienintencionados pero absolutamente contraproducentes, porque esta contracción de la vagina no tiene nada que ver con relajarse. Recordemos que es involuntaria. Trabaja a otro nivel. Ya tenemos bastante con el vaginismo como para encima pensar que es por nuestra culpa, porque no nos sabemos relajar. En realidad es otra cosa: es una contracción involuntaria e inconsciente, es decir, que no podemos controlar directamente. En el caso del vaginismo la ayuda profesional es muy necesaria. Tenemos que buscar un buen terapeuta que nos ayude a trabajar lo que hay detrás, todo aquello que hace que nuestra vagina haya decidido cerrarse. Se trata simplemente de aprender a ver las cosas como son, deshacer mitos, miedos y malentendidos, superar malas experiencias y situarlas donde les corresponde, tener una visión más realista sobre nosotras mismas y sobre nuestra sexualidad. Generalmente el vaginismo tiene muy buen pronóstico y se puede tratar en pocos meses. El sexólogo seguramente os recomendará combinar el tratamiento con sesiones de fisioterapia porque trabajar paralelamente a nivel mental y emocional es muy efectivo.

La mayor parte de las mujeres que tienen vaginismo tardan años a consultarlo con un profesional. Por un lado están los miedos y vergüenzas típicas de todo lo relacionado con la sexualidad, y por otro lado la peculiaridad de que esta disfunción no excluye una vida sexual satisfactoria -recordad que no todo queda en el coito y que hay miles de formas, incluso más efectivas, de disfrutar las relaciones sexuales-. Muchas mujeres que tienen este problema lo consultan cuando la penetración se hace necesaria porque quieren tener un hijo. Otras, en cambio, lo viven con mucha angustia y preocupación. Sea como sea, vale la pena consultarlo, porque los resultados son buenos y rápidos.

El dolor durante las relaciones sexuales, si no tiene ninguna causa física, tiene similitudes con el vaginismo. Puede estar causado por miedos, por problemas con la pareja o por otros malestares internos. La ansiedad y la tensión, además, están casi siempre presentes en esta disfunción. Como en el caso del vaginismo, se trata de buscar esta fuente de malestar. Aprender a relajarse, en este caso, también es muy efectivo.

Hasta aquí las típicas disfunciones sexuales en la mujer. Espero que, si tenéis algún problema de este tipo, estos posts os hayan ayudado a entender mejor qué os pasa. Ya sabéis, además, que nos podéis escribir para hacernos cualquier consulta. ¡Casi todo se puede solucionar!

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