
Por fin, hoy las mujeres estamos dejando atrás ese rol secundario que hemos venido jugando tradicionalmente: accedemos sin problema al mundo de la educación y al mercado laboral, ocupamos puestos de dirección en las organizaciones y tenemos, en definitiva, un lugar de relevancia en la sociedad, sin tener que renunciar por ello a la esencia que nos define como mujeres. Pero, a veces, no nos sentimos del todo seguras ante esta situación relativamente nueva: nos sentimos vulnerables, incapaces, inferiores, e incluso hasta culpables. Durante mucho tiempo, las mujeres hemos sido educadas en la comprensión y el cuidado de los demás, pero no así en el poder y el liderazgo, con lo cual aún estamos aprendiendo que sí podemos. Se trata de que seas consciente de que tienes todas las capacidades necesarias para liderar tu profesión, y de que aprendas a dar más importancia a lo que tú necesitas que a la opinión de los demás.