¿Una rabieta? Dale la botella de la calma

La doctora italiana María Montessori acuñó, lo que hoy conocemos como “El Método Montessori”, y que es considerado como disciplina y filosofía dentro del Sistema Educativo. Éste método se caracteriza por centrar la energía en la actividad realizada por el niño y la observación por parte del educador. Defiende la necesidad de que el niño se desarrolle de una manera integral, atendiendo a sus necesidades y ritmos de aprendizaje, pudiendo conseguir el máximo nivel de sus capacidades intelectuales, físicas y psíquicas. Además, se centra en que los niños sean autónomos y capaces de gestionarse a sí mismos.

Cuando un niño tiene una rabieta, un llanto incontrolado, estrés o una pelea, le cuesta mucho canalizar toda esa energía en pensamientos capaces de tranquilizarle y resolver la situación de una manera pacífica. Y aquí es donde interviene “el frasco de la calma”.

Pero, ¿Qué es y Para qué sirve?

La Botella o el Frasco de la Calma es un recipiente en cuyo interior hay un pegamento líquido con purpurina.

Mediante unos estudios realizados, se ha llegado a la conclusión que mientras que el niño ve la caída de los destellos que provoca la purpurina, puede organizar y centralizar su sistema nervioso. Cuando el niño está en un nivel elevado de frustración, el ritmo cardíaco se acelera y su respiración de agita; pero ver visualmente la caída de la purpurina, hace que inconscientemente su cerebro mande señales al resto del cuerpo para que disminuya su actividad.

El beneficio que reporta al niño se consigue cuando se agita la botella y luego queda en calma, pero el proceso debe estar acompañado de unos padres que le ayuden con unos pequeños ejercicios de respiración profunda. Además es un buen momento para que el niño, mientras entra en calma y tiene su espacio, pueda aprovechar para explicar las razones de su rabieta, pena, estrés…

Hay que tener en cuenta que cada niño reacciona de una manera diferente y que su efectividad también depende del interés que tenga hacia la botella; pero sobre todo está recomendado para las edades comprendidas entre 2 y 6 años.

¿Cómo se construye una?

Es muy fácil, y los materiales necesarios son asequibles. ¡Lo puedes hacer desde casa!. Necesitas:

  • Una botella de plástico transparente con su tapa.
  • Una o dos cucharadas de pegamento transparente.
  • 3 ó 4 cucharadas del brillo o purpurina del color que quieras.
  • 1 gota de colorante.
  • Agua caliente.
  • Se recomienda para el cierre del tapón pegarlo con un pegamento fuerte o con silicona a través de una pistola.

Preparación:

En la botella de plástico, echar el agua caliente, el pegamento, la purpurina y el colorante. Dejar un espacio vacío entre la mezcla y el tapón de la botella para que quede aire en su interior y el niño lo pueda agitar. Cerrar bien la botella y… ¡listo!.

Puede haber más variantes, como introducirle unas estrellas o bolas pequeñas de colores. La puedes hacer a tu gusto o con las preferencias del peque. ¡Échale imaginación!

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