Comer comida chatarra tiene un efecto negativo sobre la salud mental, por lo que aquellos que consumen regularmente se siente deprimidos, según un estudio español que examinó cómo el consumo de 9.000 personas tenía una relación con el riesgo de depresión.
Los investigadores encontraron que las personas que consumieron comida rápida fueron 37% más propensas a deprimirse que las personas con un menor consumo.
Los investigadores incluyeron a personas que no tenían un diagnóstico clínico de depresión y que no estaban tomando medicación antidepresiva (para asegurarse de que los participantes estaban libres de depresión al inicio del estudio). Todos los participantes también estaban libres de enfermedades cardiovasculares, diabetes e hipertensión.

Los participantes completaron el cuestionario de frecuencia alimentaria al inicio del estudio. Se evaluaron dos variables de exposición: el consumo de comida rápida (que incluye hamburguesas, salchichas y pizzas) y el consumo de los productos comerciales horneados (que incluye muffins, donuts, croissants y otros productos horneados). Luego, los investigadores dividieron a los participantes en cinco grupos (quintiles).
Los participantes fueron seguidos durante una media de 6,2 años. Los investigadores utilizaron un cuestionario por correo para determinar si la persona había sido diagnosticada con depresión clínica.
Los investigadores recolectaron datos sobre otras variables que pensaban podrían influir en la relación entre los hábitos alimentarios y la depresión. Estos incluyeron la edad, sexo, índice de masa corporal, tabaquismo, nivel de actividad física, ingesta energética total y el consumo de alimentos saludables.
Los investigadores concluyeron que existía una relación positiva entre el consumo de comida rápida y el riesgo de depresión. En otras palabras, el aumento en el consumo de comida rápida, también incrementa el riesgo de depresión.